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«Amor y muerte: lo secreto y lo público»

…de dedicarse a la industria textil femenina a ser campeón mundial welter y mediano…

En sociedades con modelos binarios de distribución del poder (por ejemplo, hombre/mujer; heterosexual/homosexual, blanco/no-blanco), ciertas prácticas son discriminatorias porque apuntan a la subordinación de quienes se perciben como diferentes o disidentes y ciertas prácticas son excluyentes porque apuntan a suprimir las diferencias del paisaje social. Los dos tipos de prácticas, ambos en la lógica del prejuicio, es decir, en un talante de hostilidad o predisposición negativa hacia lo percibido como diferente, pueden desplegarse en violencia física.

Había llegado el día del esperado combate entre Emile Grifith y Benny «kid» Paret, este último aprovechó el pesaje de ambos para llamarle «maricón» públicamente  y darle una nalgada burlona, aludiendo a los rumores sobre su homosexualidad. Aquello estuvo a punto de terminar en un combate adelantado, pero Griffith aguantó la rabia.

La noche de la pelea, 29 golpes seguidos, 18 de ellos en seis segundos, de los cuales, los últimos cuatro, ya no ofrecía respuesta alguna, «Kid» cayó sin reacción sobre la lona y fue retirado en camilla hacia el hospital. Diez días después fallecía de una hemorragia cerebral masiva. Emile no volvió a ser el mismo.

¿Qué pasa si lo secreto se hace público? En nuestro ejemplo generó la muerte de alguien. Por eso es posible suponer que la separación entre lo secreto y lo público es crucial y sirve para ilustrar la endeble frontera entre el prejuicio homofóbico y la violencia, además de la imperante necesidad de marcar la diferencia entre «nosotros» y «ellos», una vez que se hace explícita la trasgresión y con ella la inestabilidad de las identificaciones y prácticas sexuales.

«Me canse que me llamara marica, yo no lo queria matar, lo que me dijo me afecto. Sigo preguntándome lo extraño que es todo esto. Maté a un hombre, y la mayoría lo entiende y me perdona. Sin embargo, amo a un hombre y esa misma gente lo considera un pecado imperdonable. Aunque nunca fui a la cárcel, he estado en prisión casi toda mi vida». -Emile Grifith.

«Amor y muerte: lo secreto y lo público»

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