Skip to content

«Solo dos veces»

…no se trata de derribar al otro, no se trata del mundo contra mi, se trata de «yo» en este mundo…

El hombre de boxeo ha surgido de la adaptación instintiva, relativamente inmutable, de sus antepasados animales. En este proceso ha recorrido una larga y accidentada trayectoria evolutiva, pero, a pesar de ello, no ha conseguido adquirir pautas hereditarias de actividad específica. Esto exige que cada hombre de boxeo, en el sentido más amplio de la palabra, aprenda a vivir, pues al nacer es absolutamente dependiente de otros. Ha de conseguir caminar y comer sin ayuda, ha de ser capaz de comunicarse, de cooperar con otros y de vivir en el seno de la sociedad. Aun más, como no tiene normas fijas de actividad que haya heredado, ha de aprender a actuar y, como existen diversas posibilidades de acción, también a pensar. De este modo, el hombre de boxeo aprende poco a poco a considerarse como una entidad diferente del resto de la naturaleza y de su grupo, toma conciencia de su fragilidad e impotencia para hacer frente en solitario al medio natural y percibe que la muerte es su último destino. Así es como llega a liberarse de la adaptación más o menos ciega e instintiva a la naturaleza, en la que no existe consciencia organizada, ni sentimiento de soledad, ni perspectiva de futuro, ni percepción de la muerte.

«Solo dos veces»

Volver arriba
Buscar